Quevedo

Dios, que mira del pueblo el detrimento,
rey en guardar su pueblo desvelado,
clemente opone a su camino, armado
de su milicia, espléndido portento.

No alma, no, ni la conciencia fíes
del que te ofrece a Cristo si le vende:
quien te pide interés, por él pretende
que del Señor que compres te desvíes.

La voluntad de Dios quiere eminente
que nos salvemos todos, ¡oh Licino,
no asista sola a tu fatal camino
de Dios la voluntad antecedente.
Merezca a su piedad la subsecuente,
tu virtud con su auxilio y el divino
rayo preceda siempre matutino
a la noche invidiosa y delincuente.