Fray Luis de León

Cortar me puede el hado
la tela del vivir sin que me ampare,
mas, aunque el cielo airado,
María, el dolor doblare,
olvídeme de mí si te olvidare.

A ti sola me ofrezco
A ti consagro cuanto yo alcanzare
Sin ti nada merezco,
y mientras yo durare,
olvídeme de mí si te olvidare.

Nací para ser tuyo,
viviré si esta gloria conservare,
la libertad rehúyo,
y mientras respirare,
olvídeme de mí si te olvidare.

El alma te presento,
y si el furioso mar la contrastare,
diré con sufrimiento,
mientras más la tocare:
olvídeme de mí si te olvidare.

Virgen que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:
los ojos vuelve al suelo
y mira un miserable en cárcel dura,
cercado de tinieblas y tristeza.
Y si mayor bajeza
no conoce, ni igual, juicio humano,
que el estado en que estoy por culpa ajena,
con poderosa mano
quiebra, Reina del cielo, esta cadena.

El odio cunde, la amistad se olvida;
si no es de ti valida
la justicia y verdad, que tú engendraste,
¿adónde hallará seguro amparo?
Y pues madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo.